
André Breton nunca comía yogur. Le encantaba, el problema no era de gusto. Es más, hubo épocas en las que podía alimentarse exclusivamente de yogur. Pero ya nunca lo comía. A Monsieur Tanguy, creador de las noches del yogur natural (todos los viernes a partir de las 20h), no había nada que le gustase más que escuchar la historia del origen de la aversión hacia el yogur de André Breton.
Cuéntalo, cuéntalo otra vez, por favor, por favor, por favor…
La historia era así:
Todo se remontaba a una tarde de verano en la que Breton, superando su inicial reticencia a mostrarse desnudo, accedió a acudir a una playa naturista en la que un grupo de intelectuales se reunía para tomar el sol y hablar sobre política y literatura. Tras varias horas al sol debatiendo acaloradamente, Breton decidió darse un chapuzón. Una vez dentro del agua, cuando ésta le cubrió hasta la cintura, sintió un escozor terrible (un escozor místico apuntaba siempre Dalí) en su pene. Una furia volcánica que nacía de su glande (aquí Monsieur Tanguy ya lloraba de la risa) que hizo que saliese corriendo del agua, retorciéndose, dando terribles alaridos.
Rápidamente el grupo de intelectuales se acercó a ver qué le pasaba, haciendo un círculo en torno suyo. ¿Qué sucede? ¿Qué sucede? Se preguntaban. Tal vez le picó una medusa decían unos, debe ser una reacción alérgica al yodo del mar se atrevían otros a diagnosticar. Así hasta que un poeta suizo de más de dos metros (el típico poeta suizo gigante y maricón apuntaba siempre Dalí) se arrodilló junto a Breton y le dijo. Tranquilo, ya pasó, deja que vea y posó una mano en su hombro. El tacto de la mano del poeta suizo causó un efecto analgésico en Breton, que dejó de gritar y apartó sus manos para que el poeta pudiese mirar.
Por Dios, cariño ¿quién te ha hecho esto? Comentó el poeta gigante suizo al ver la cicatriz de la polla de Breton, producto de una circuncisión chapucera, digna de un carnicero, a la que se sometió el Papa del surrealismo en la adolescencia para superar los problemas que le provocaba la fimosis (Anda que no se han hecho bufandas con lo que sobró en aquella circuncisión, apuntaba siempre Dalí) Pero esa es otra historia, la historia de la circuncisión de Breton. Bueno, mi amor. Continuó el poeta. A ti lo que te pasa es que has tomado demasiado el sol sin protección y te has quemado tu pequeña papillon (aquí Monsieur Tanguy se retorcía) Breton no daba crédito ¡y qué hago! Gritaba ¿Qué me va a pasar? Tranquilo mi amor, le dijo el suizo, esto se pasa metiendo la chorra en un cuenco con yogur, es lo mejor para hidratar, el yogur natural. Y así se pasó Breton tres días con sus tres noches con el pene metido en un cuenco con yogur (Buñuel nunca lo confesó, pero le encantaba imaginarse a André Breton con la polla metida en un cuenco de yogur) Y la cosa es que la quemadura mejoró, ya lo creo que mejoró. Pero desde entonces ya nunca volvió a comer yogur el bueno de Breton.
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ResponderEliminarA falta de yogur, buenas son las patatas fritas, si no vean esto:
ResponderEliminarhttp://lomas.excite.es/alimenta-a-su-hija-solo-con-patatas-fritas-N1650.html
Más patatas fritas, ante la escasez de yogures:
ResponderEliminarhttp://espanol.mujer.especiales.yahoo.com/vida-sana/article/nutricion/sobrevive-mas-de-diez-anos-con-dieta-de-patatas-fritas-989