16/5/11

Sin


¿Comenzar? ¿Decir algo? ¿Significar? – Sí, por favor, clama la grada. Explique, identifique, pontifique. – Está bien, pero es que el otro día fui a dar un paseo por los barrios de los trovadores, y conocí a un tipo interesantísimo, llamado Guillermo, Duque de Aquitania, que, sin darme chance alguna, me espetó: “Haré un poema sobre absolutamente nada”. ¿Decir algo entonces? ¿A dónde ir? ¿Cómo continuar el callejeo? Alarmado, me ordené a mí mismo: volver a casa. Ya no saber qué hacer. Sentarse en silencio, levantarse, volver a sentarse, tenderse luego con los ojos clavados al techo. Volver a incorporarse. ¿Y entonces, entonces? Entonces, unas palabritas de Beckett, a ver si hay algo por ahí: “Imposible escribir acerca de”. ¿Por dónde empezar entonces? ¿Qué pretender? ¿Pretender algo de sentido, algo de razón? Vayamos a la música, me dije, oir algo de música. Tal vez probando con la música. Y lo primero que había a mano era John Cage, años atrás, pero sin música: “No tengo nada que decir y lo estoy diciendo, y eso es poesía”. Persistir, seguir, movimiento absoluto, perpetuo, a solas. El viaje de no impacientarse ni siquiera por ser futuro esqueleto. Es habla, esfuerzo, esfuma, espuma, es hipo, hipo, hipo. Se hace camino al andar como si uno tuviera hipo. Persistir, seguir. Pero no, tal vez no. Tal vez mejor sentarse otra vez, estar en calma. Abrupto todo, ya lo sé. Deshilachado. Sin calma. Tarambana. Sobre absolutamente nada. La calma. Sentado. Gracias. Ya estoy sentado.


Y me como un yogur.


No hay comentarios:

Publicar un comentario